jueves, 19 de junio de 2014

Ahora bien, ¿cómo se nos presenta, a la hora de mediatizar, esta transmutación en el lenguaje? Utilizando como dispositivo el resultado de una transcodificación entre formatos analógicos - digitales (procesada entre un reproductor de VHS, DVD’s y una Videocámara Digital),  se reelabora una posible síntesis. La apuesta es a transitar esta pro-vocación, ocasionada por “la técnica” -y el contexto asumido o delegado-, para dar lugar a un develamiento.



Remito a dos realizaciones personales que hacen viable secuestrar (¿recortar?) o poner ante los ojos (Dar-stell), y colocarme en escena: ambos ejemplos fueron realizados durante 2007 y 2008. Uno, fue el audiovisual titulado Meditaciones, el otro corresponde a una intervención audiovisual, desde un televisor, en la obra teatral Salsipuedes –remasterizado. [19]



El primer ejemplo es la intervención –realizada por quien esto escribe– sobre los documentales originariamente realizados por el canal y corporación National Geographic. En esas emisiones varios elementos estructuran e imponen, un tipo de mirada -muy new age-  sobre un  mundo supuesto-natural,  dispositivo que no habilita discernir lo que subyace tras ese montaje de representaciones: la intervención apunta a lo que creemos que puede y debe señalarse.



Así, un documental en la década del 80’ (Egipto: en busca de la eternidad [20]), nos presenta la reconstrucción de las ruinas de los edificios de los faraones en Egipto (el templo de Abu Simbel, entre otros); herederos del reto que sedujo a tantos imperios, incluido el del emperador Napoleón I, con la carga estratégica de invasión, y la apropiación casi fetichista de los bienes culturales usurpados y llevados a museos occidentales.



Para lograr este monumental emprendimiento cinematográfico, se requirió el trabajo conjunto de científicos y empresarios, junto a aldeanos nativos -en calidad de mano de obra- que viven a orillas del río Nilo. ¿A qué nos induce y qué es lo que, verdaderamente, enmascara esta “postal mediática”?



Con la utilización de la misma población para reconstruir el templo se reformula el representamen de su sumisión: surge así una imagen que corroe la realización “documental” al reproducirse una realidad social terrible que vuelve a repetirse. Al trabajar en y sobre estos fantasmas, o fetiches, de esta representación (teledirigida), tratamos de proporcionar otro tipo de lectura-traducción, elemento que re-acondiciona el envío de esa representación.



El imperio del Alto y Bajo Egipto no se caracterizó por su horizontalidad social, y/o por un trato condescendiente hacia su gente (dato llamativamente eludido en la producción que nos ocupa): se prefirió profundizar en los ritos fúnebres de aquella era, aunque poco se reflexionaba sobre la utilización -en el sentido del Stellen- de acceder al poder de sus dioses para el  mejor control de los súbditos. Así también el monumentalismo de su obra arquitectónica resultaba atemorizante, en su función socio-histórica, mientras que hoy sólo parecería cumplir una función turística y/o de disfrute televisivo.



Un importante recurso simbólico de los faraones para sus objetivos sociales es mostrar, en el documental al que nos referimos, cómo los arquitectos lograron que el sol entre nuevamente en la pirámide de un faraón, para que la luz del solsticio visitara su estatua y anunciara nuevamente su reinado. Imagen normativa del sometimiento y la autoridad, indeclinables.

 

Esto no es vislumbrado -a primera vista- por los consumidores de dicha grilla televisiva, que al no poseer una “instrucción mediática” adecuada, o bien carecer de un interés personal de ubicarse en el contexto (como sugiere indirectamente M. Foucault en  ¿Qué es la Ilustración?) sucumben así a la penetración insidiosa de los efectos de cierta revolución tecnológica.



Pero la esencia de lo que se repite son los verdaderos conflictos de esta “sociedad del espectáculo”: surge lo perverso en el imaginario colectivo, así como también un “cierto” extrañamiento a la hora de nuestras elecciones como usuarios.



“… Estética dinamizada por un proceso en que lo familiar vuelto extraño y lo sublime: siniestro por obra de lo inefable (las causas que quedan fuera del campo de visión). La enajenación, la reificación de la vida social, o la fetichización de la mercancía dan lugar a un paisaje de cosas, gente y ocurrencias que dan miedo (porque son símbolos o presencias del horror, de aquello que puede ocultar una causa de dolor y destrucción). ...”[21]

 

Así, al presentar otra cara de la realización y evidenciar lo obsceno; al contraponer estas dos imágenes a través de un nuevo montaje, y con  segmentos de música repetitiva, se busca  sensibilizar críticamente al público.



Se pone de manifiesto, en cámara lenta y  con un mayor contraste, la serie de imágenes de esa mano de obra “calificada”: gente que, en realidad, vive de forma marginal a orillas del Nilo. Las ruinas fastuosas, y su reconstrucción mediante planos cenitales, ¿aducen? grandilocuencia, obviando el aspecto horizontal o terrestre, de pobreza escamoteada. Por esta razón, a través del video arte o cine experimental, se busca  contar otra verdad con los mismos instrumentos; y desenmascarar el pavoroso carril, o montaje, de las civilizaciones actuales a sabiendas que ello puede causar en el sujeto cierta ceguera, o incluso la explotación y la muerte.



Haciendo una analogía con el ser humano (agonizante) en la caverna de Lascaux, y luego con Egipto -ambos en los albores de nuestra civilización-, nos interrogan sobre la cinematografía y, más precisamente, sobre la era digital: sobre ese conquistar el mundo como imagen, en esta nuestra edad (moderna, o bien postmoderna) y a actualidad de esa elaborar representador.

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