Ahora bien, ¿cómo se nos presenta, a la hora de
mediatizar, esta transmutación en el lenguaje? Utilizando como
dispositivo el resultado de una transcodificación
entre formatos analógicos - digitales
(procesada entre
un reproductor de VHS, DVD’s y una Videocámara Digital), se
reelabora una posible síntesis. La apuesta es a transitar
esta pro-vocación, ocasionada por “la técnica” -y el contexto
asumido o delegado-, para dar lugar a un develamiento.
Remito a
dos realizaciones personales que hacen viable secuestrar
(¿recortar?) o poner ante los ojos (Dar-stell), y colocarme
en escena: ambos ejemplos fueron realizados durante 2007 y 2008. Uno,
fue el audiovisual titulado Meditaciones,
el otro corresponde a una intervención audiovisual, desde un
televisor, en la obra teatral Salsipuedes –remasterizado.
[19]
El primer ejemplo es la intervención –realizada
por quien esto escribe–
sobre los documentales originariamente
realizados
por el
canal y corporación National Geographic. En esas emisiones
varios elementos estructuran e imponen, un tipo de mirada -muy
new age- sobre un mundo supuesto-natural, dispositivo que no
habilita discernir lo que subyace tras ese montaje de
representaciones:
la
intervención apunta a lo que
creemos
que puede y
debe señalarse.
Así, un
documental en la década del 80’
(Egipto: en busca de la
eternidad
[20]),
nos presenta la reconstrucción de las ruinas de los edificios de los
faraones en Egipto (el templo de Abu Simbel, entre otros); herederos
del reto que sedujo a tantos imperios, incluido el del emperador
Napoleón I, con la carga estratégica de invasión, y la apropiación
casi fetichista de los bienes culturales usurpados y llevados a
museos occidentales.
Para lograr este
monumental emprendimiento
cinematográfico, se requirió el trabajo conjunto de científicos y
empresarios, junto a aldeanos nativos -en calidad de mano de obra-
que viven a orillas del río Nilo. ¿A qué nos
induce y qué es lo que, verdaderamente, enmascara
esta “postal mediática”?
Con la utilización de la misma población para
reconstruir el templo se reformula el representamen de su
sumisión: surge así una imagen que corroe la realización
“documental” al reproducirse una realidad social terrible que vuelve
a repetirse. Al trabajar en y sobre estos fantasmas, o fetiches, de
esta representación (teledirigida), tratamos
de proporcionar otro tipo
de lectura-traducción, elemento que re-acondiciona el envío de esa
representación.
El imperio del Alto y Bajo Egipto no se caracterizó
por su horizontalidad social, y/o por un trato condescendiente hacia
su gente (dato llamativamente eludido en
la
producción que nos
ocupa): se
prefirió profundizar en los ritos fúnebres de aquella era, aunque
poco se reflexionaba sobre la utilización -en el sentido del
Stellen- de acceder al poder de sus dioses para el mejor
control de los súbditos.
Así también el monumentalismo de su obra
arquitectónica resultaba atemorizante, en su función
socio-histórica, mientras que hoy sólo parecería cumplir una función
turística y/o de disfrute televisivo.
Un importante recurso simbólico de los faraones para
sus objetivos sociales es mostrar, en el documental al que nos
referimos, cómo los arquitectos lograron que el sol entre nuevamente
en la pirámide de un faraón, para que la luz del solsticio visitara
su estatua y anunciara
nuevamente
su reinado. Imagen normativa del
sometimiento y la autoridad, indeclinables.
Esto no es vislumbrado -a primera vista- por los
consumidores de dicha grilla televisiva, que al no poseer una
“instrucción mediática” adecuada, o bien carecer de un interés
personal de ubicarse en el contexto (como sugiere indirectamente M. Foucault en
¿Qué es la Ilustración?) sucumben así a la
penetración insidiosa de los efectos de cierta revolución
tecnológica.
Pero la esencia de lo que se repite son los
verdaderos conflictos de esta “sociedad del espectáculo”: surge lo
perverso en el imaginario colectivo, así como también un “cierto”
extrañamiento a la hora de nuestras elecciones como usuarios.
“… Estética dinamizada por un proceso en que lo familiar vuelto
extraño y lo sublime: siniestro por obra de lo inefable
(las causas que quedan fuera del campo de visión). La enajenación,
la reificación de la vida social, o la fetichización de la mercancía
dan lugar a un paisaje de cosas, gente y ocurrencias que dan
miedo (porque son símbolos o presencias del horror, de aquello
que puede ocultar una causa de dolor y destrucción). ...”[21]
Así, al presentar otra cara de la realización y
evidenciar lo obsceno; al contraponer estas dos imágenes a través de
un nuevo montaje, y con segmentos de música repetitiva, se busca
sensibilizar críticamente al público.
Se pone de manifiesto, en cámara lenta y con un
mayor contraste, la serie de imágenes de esa mano de obra
“calificada”: gente que, en realidad, vive de forma marginal a
orillas del Nilo. Las ruinas fastuosas, y su reconstrucción mediante
planos cenitales, ¿aducen? grandilocuencia, obviando el
aspecto horizontal o terrestre, de pobreza escamoteada.
Por esta razón, a través del video arte o cine
experimental, se busca contar otra verdad con los mismos
instrumentos; y desenmascarar el pavoroso carril, o montaje, de las
civilizaciones actuales a sabiendas que ello puede causar en el
sujeto cierta ceguera, o incluso la explotación y la muerte.
Haciendo una analogía con el ser humano (agonizante)
en la caverna de Lascaux, y luego con Egipto -ambos en los albores
de nuestra civilización-, nos interrogan sobre la cinematografía y,
más precisamente, sobre la era digital: sobre ese conquistar el
mundo como imagen, en esta nuestra edad
(moderna, o bien postmoderna) y a actualidad de esa
elaborar representador.
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