Teorizaremos
ahora sobre Salsipuedes -remasterizado[22],
video realizado durante el proceso y posterior estreno en la sala
Teatro AGADU (Montevideo- Uruguay)
de una obra que fuera definida por su director, Alberto Restuccia, como un “Poema
escénico-musical multimedia”. El autor buscaba interactuar con las
artes de actualidad y, a su vez, atraer a una variedad de
espectadores, distinta de lo habitual.
Esta nueva instancia teatral le permitió otra versión
del estreno que hiciera en los 80’; entonces se promovía,
fundamentalmente, una revisión de los hechos acontecidos durante el
genocidio de los indios, mayoritariamente
charrúas, en el
territorio
oriental y durante el siglo XIX, a manos del General Rivera y su
ejército.
En esta última versión se introdujo, en el argumento
cine dramático, la utilización de un televisor encendido
sobre un
piano a un costado del escenario. Decidimos apropiarnos y
recrear -en esta, nuestra globalidad- el imaginario visual lanzado por
aquel
ilustre montevideano, que se autodenominara
Conde de
Lautréamont: en su poesía nos sugería que arte y
belleza:
“… Es el encuentro fortuito en una mesa de disección entre un paraguas y una maquina de coser. …” (Breton, y muchos más, harían suyo este legado).
“… Es el encuentro fortuito en una mesa de disección entre un paraguas y una maquina de coser. …” (Breton, y muchos más, harían suyo este legado).
En nuestro inicio-comienzo se podían observar
imágenes pixeladas (que por breves momentos volvían a normalizarse y
presentar lo que parecia ser un incendio, o ataque)
y un audio
ruidoso -acompañado por una narración en off -, que buscaba
incomodar al espectador, y que se sintiera interrogado sobre el
acontecimiento antes mencionado.
¿Por qué el pixelado? La variación en pixeles
corresponde a un tipo de traducción o mejor dicho, deconstrucción
analógica sobre un formato digital,
que nos permite presenciar el
trasfondo de esas imágenes: como des-organizando el concepto
atribuido a dicha representación. Ahora bien, en ese gesto
artístico, el voluntario deterioro de la imagen aludía a lo
involuntario o accidentalidad y, en sentido inverso, una premisa
provocada con extrañeza.
Un ejemplo de esta manifestación de des-orden
ocurre en un medio como el local, donde a sabiendas del abaratamiento
de los costos en infraestructura que proporciona la era
digital; no fue sino hasta hace un breve período que se realizaron
cambios profundos en la televisión estatal, a diferencia de la gama
privada que no respaldaba ninguno de sus contenidos -utilizando las
mismas cintas para la grabación-, corroborando la “enfermedad
histórica”, post-nietscheana, mencionada a inicios de este trabajo.
El espectador medio y/o consumidor mediatizado, posee
un tipo particular de sometimiento, sensorial e intelectual, debido
a su relación con el contexto delegado. Sumado a esto, en él subyace
un poder de autorregulación y selectividad que descansa -en su
propio poder de sugestión- o planteado en otros términos,
condicionado por las tendencias mercadotécnicas.
Volviendo al clip
que nos ocupa.
Las imágenes corresponden al filme
Apocalipsis Now -basado en la novela
de J. Conrad, Heart of Darkness- del director Francis Ford
Coppola, con la fotografía “monumental” del italiano V. Storaro. La
película marcó un hito en el mundo “globalizante” de Hollywood y
“enrareció”
-felizmente-
la carrera del director de este show system.
Un hecho resulta provocativo, y que refuerza la
utilización de este artilugio multi-mediático durante el comienzo de
la obra, fue la presencia del autor Joseph Conrad en la primera cita
de
El arte del motor. Allí el sujeto señala:
“Esa historia, ese episodio, esa aventura: denle el
nombre que quieran.”
La duración del clip, en conjunto con la cadencia en
la imágenes; promovían un halo perturbador. Este clip no buscaba
otra cosa que manifestarse “psicodelicamente” en el público y
permitir que éste, al movilizar su imaginación, le proporcionase
otro comienzo
(el deseado), a la obra.
La secuencia no fue incorporada en el montaje de la
película y se ubica dentro de las opciones Making of
(Detrás de cámaras del DVD): en estas se observa la destrucción de
un templo. Este clip fue filmado a 10 cámaras, posee un lenguaje
preciso y poético; debido principalmente a su musicalidad y
fotografía.
A mi entender, este espectáculo
fascinante, condensaba la desobediencia de
esos / estos tiempos que corren: re-presentación
permitida por el orden de turno, y por el libertinaje de
cierto “tipo” de individuo.
“… El papel del artista (bajo estas circunstancias)
se puede reinterpretar, ya que reconsiderar los parámetros formales
y una disposición a hacer frente a temas contradictorios son la
nueva identidad. …”
Haciendo un breve hincapié en un texto de los 90’
ubicado dentro de la primera Bienal de la Imagen en Movimiento,
llamado Avanzando Deprisa; comentando implícitamente
los
sistemas actuales: las formas y los contenidos tradicionales están
sometidos cada vez más a la ironía y al sesgo en la producción
dominante. Interpolándose con lo señalado por Michael Haneke,
director del filme Caché, al decir que “una película
comercial es 24 mentiras por segundo”.
Ahora bien, al incluir una secuencia que no
corresponde a una realidad mediada, sino que es desarrollada en
códigos que promueven una mayor abstracción y apelan a un ámbito
sensible en el “interlocutor”,
es posible que en estas elecciones,
surjan preocupaciones propias del realizador o
del contexto asumido
-diluyendo cosas en el camino-; pero es una de las apuestas que en
este caso, el backstage teorizado dentro de un cine
experimental, promueve y promulga.
Allí, buscando iluminar a un espectador atento y
proyectar el pavoroso carril por el que la modernidad nos transita,
es que nos proponemos elaborar nuevos códigos a través de
las mencionadas transcodificaciones y/o apropiándose de dichos
canales “privados”; para representar el elemento confabulante de
esta: “plástica como terror domesticado”.
El
historiador Real de Azúa
se apropia de una frase del texto de la Eneida (Virgilio)
y señala:
“…
Una salus
victis nullam sperare salutem
…” (La única salvación para los vencidos, es no esperar salvación
alguna).
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