Ahora bien, si la función esencial de cada lenguaje,
de cada manifestación expresiva, y por tanto, de cada equipo
técnicamente orientado, persiguen como fin;
construir una “representación” ¿tendría ésta que ser acaso
una intervención que reprodujera de la mejor manera posible la
realidad? (G. Bettetini, op cit).
Se
ha sugerido la importancia del valor de la adecuación entre
la representación y la realidad. Rainer Werner Fassbinder,
denominado
“El último monstruo del cine”[15],
cuestiona
esta axiomática diciéndonos que:
“...
It’s much
more important how lenguaje sounds that what it concrete content
means.
...”.
¿Podremos, entonces, referirnos a los conceptos de imagen y
representación -dentro de la implementación del backstage -,
sin quedar atrapados en esa suerte de “mediatización”?
Concepto que comprende acepciones varias en el transcurso de las
distintas épocas. En su origen “mediatizar“ era lo contrario de
comunicar, además significaba literalmente ser privado de los
derechos inmediatos. Una definición más próxima sería un “intervenir
dificultando”, y en la actualidad alude clara y específicamente a
los
“medios masivos de comunicación”.
[16]
Entonces, ¿qué es mediatizar?, ¿cuál es nuestro
medio?, ¿cómo concebir esto, personal o colectivamente? ¿Por qué
señalamos
esto?
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