jueves, 19 de junio de 2014

Ahora bien, si la función esencial de cada lenguaje, de cada manifestación expresiva, y por tanto, de cada equipo técnicamente orientado, persiguen como fin; construir una “representación” ¿tendría ésta que ser acaso una intervención que reprodujera de la mejor manera posible la realidad? (G. Bettetini, op cit).

 

Se ha sugerido la importancia del valor de la adecuación entre la representación y la realidad. Rainer Werner Fassbinder, denominado “El último monstruo del cine”[15], cuestiona esta axiomática diciéndonos que: “... It’s much more important how lenguaje sounds that what it concrete content means. ...”.



¿Podremos, entonces, referirnos a los conceptos de imagen y representación -dentro de la implementación del backstage -, sin quedar atrapados en esa suerte de  “mediatización”? Concepto que comprende acepciones varias en el transcurso de las distintas épocas. En su origen “mediatizar“ era lo contrario de  comunicar, además significaba literalmente ser privado de los derechos inmediatos. Una definición más próxima sería un “intervenir dificultando”, y en la actualidad  alude clara y específicamente a los “medios masivos de comunicación”. [16]

 

Entonces, ¿qué es mediatizar?, ¿cuál es nuestro medio?, ¿cómo concebir esto, personal o colectivamente? ¿Por qué señalamos esto?

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